martes, 24 de enero de 2012

Historia si, histeria no




Javier Torres

La reaparición de Sendero Luminoso, a través del hoy famoso MOVADEF, en la escena pública, ha producido innumerables y justificadas reacciones de diversos actores políticos y sociales. Podríamos afirmar que casi todos se han visto obligados a dar su opinión y, en la mayoría de los casos, se ha coincidido en la necesidad de rechazar su ingreso a la vida política legal.

El debate que se ha generado ha desplazado otros temas de la agenda como el conflicto Conga o el caso Chavín de Huántar, y ha servido para que los nuevos rostros del senderismo emerjan y nos muestren la pobreza de sus argumentos así como su firme adhesión a Abimael Guzmán, quien fuera la cima del pensamiento totalitario en el Perú y en América Latina, y cuya acción generó el más grave conflicto armado interno de la historia de nuestro país, con la consiguiente secuela de muerte y destrucción que muchos rechazamos.

Las presentaciones televisivas de los viejos y nuevos cuadros del senderismo han mostrado lo poco preparados que estamos para enfrentarlos, lo que se ha puesto en evidencia en entrevistas que han terminado convirtiéndose en espacios de violencia verbal, que es un terreno donde Sendero Luminoso sabe moverse muy bien. Por ello, no solo basta la indignación, el pesar o el profundo dolor que nos generan los años de la violencia y el terror, para confrontarnos con un discurso monolítico, cerrado y dogmático que quienes tenemos más de cuarenta años recordamos. Tampoco bastan nuestros miedos y que la ofensiva mediática antisenderista ha querido retroalimentar.

Ni el dolor ni el miedo son las mejores armas para enfrentar a nuestros fantasmas del pasado ni al senderismo del presente. El Perú necesita que nuestra democracia empiece a ser algo más que una simple promesa, que el Estado deje de jugar con quienes fueron víctimas de la violencia y que siguen esperando justicia y reparación, y que la plena vigencia de los derechos humanos deje de ser una quimera. En esta tarea no hay quien se pueda escabullir, ni excusa que valga. Para ello necesitamos con urgencia llegar a algunos consensos sobre nuestra historia reciente, ya que resulta absurdo que mientras Sendero Luminoso hace trabajo político en universidades y en comunidades campesinas, en Lima sigamos entrampados culpándonos de quién es el responsable de su retorno.

Hay que preguntarse si tiene sentido seguir discutiendo hasta la eternidad, si las proyecciones del Informe sobre las cifras de las víctimas que calculó la CVR son exactas. O si sus recomendaciones fueron las correctas o no. Creo que a estas alturas y habiendo participado en innumerables debates sobre el tema, considero que es el momento en que nuestra sociedad tiene que comenzar a conocer lo más importante de aquel Informe, que fue la reconstrucción histórica del conflicto armado interno y, sobre todo, los innumerables testimonios –lamentablemente poco difundidos- de quienes fueron víctimas de Sendero Luminoso, el MRTA, así como de las Fuerzas Armadas y Policiales.

Sin duda esta tarea no es fácil, ni será sencillo llevar la historia del terror a las escuelas, colegios, universidades y a la sociedad en general. Se necesita una enorme voluntad política y ciudadana, y mucha capacidad y creatividad para no ahogarnos en el recuerdo del horror, como lo han hecho otras sociedades que han pasado por situaciones similares. Pero solo de esta manera podremos comenzar a procesar nuestro pasado y a ser capaces de rechazar cualquier intento de retorno a uno de los más tristes capítulos de nuestra historia. Si no lo hacemos volveremos a caer en la lógica que nos impuso Abimael Guzmán hace treinta años, una lógica en la que la única manera de enfrentar al totalitarismo senderista era la violencia.

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